El equilibrio ácido-base implica equilibrar el pH de nuestro organismo. Este equilibrio es esencial para optimizar su salud. Aquí está nuestro descifrado realizado con la ayuda del nutricionista Anthony Berthou para comprender mejor este concepto.
Los principios del equilibrio ácido-base.
Para que nuestro cuerpo funcione bien, debe tener un pH equilibrado, es decir, un pH neutro. Por lo tanto, el pH no debe ser ni demasiado ácido ni demasiado básico (o alcalino).
El pH se calcula en una escala de 0 (ácido) a 14 (básico). El pH de la sangre del cuerpo está entre 7,35 y 7,45.
Por tanto, para mantener un pH equilibrado es necesario consumir las proporciones adecuadas de alimentos ácidos y alcalinos. Se distribuyen de la siguiente manera:
- Alimentos formadores de ácido : sal, carne, embutidos, quesos, pescado, cereales refinados (pasta, arroz blanco, pan blanco), lácteos (yogur, queso), refrescos, alcohol, pescado, marisco, café.
- Alimentos básicos (o alcalinizantes). : frutas, verduras, semillas oleaginosas (nueces, almendras, etc.), té verde, especias y hierbas aromáticas, ajo, cebolla.
Ojo, no confundas el sabor “ácido” de un alimento con su poder “acidificante”. Entonces el limón tiene un sabor muy ácido pero es un alimento con poder alcalinizante.

Cuando los aportes entre elementos acidificantes y alcalinizantes están desequilibrados, nuestro organismo dispone de mecanismos de regulación bastante eficientes. Sin embargo, un desequilibrio demasiado grande puede llegar a provocar importantes problemas de salud.
Sal: la principal causa del desequilibrio ácido-base
El problema de nuestra dieta occidental actual es que a menudo es demasiado ácida. Este desequilibrio está particularmente relacionado con nuestro consumo excesivo de sal que contribuye a acidificar el organismo. Cuando se consume sal de mesa (gran mayoría en embutidos, pan, quesos y platos industriales), se trata de cloruro de sodio. Sin embargo, el cloruro es acidificante para el organismo y, por tanto, contribuye a alterar el equilibrio ácido-base. Otros factores dietéticos pueden favorecer la acidez: refrescos carbonatados, grandes cantidades de café y exceso de proteína animal.
Para contrarrestar esta acidez, el organismo utilizará varios mecanismos. Una parte de los ácidos (llamados ácidos volátiles) son eliminados por los pulmones, otra (ácidos no volátiles) por los riñones y por los sistemas tampón presentes en el organismo. Si la acidez es demasiado alta, el cuerpo recurrirá a la única reserva alcalina disponible, es decir, el tejido óseo, que servirá para neutralizar las cargas ácidas.
Desafortunadamente, Esto provoca una pérdida urinaria de algunos minerales, incluidos el calcio y el magnesio. Esta pérdida de minerales puede ser la causa de una desmineralización a largo plazo que puede provocar osteoporosis, fatiga crónica o incluso cálculos renales.
Por el contrario, el consumo de frutas y verduras aporta numerosas cargas alcalinizantes, entre ellas los citratos y malatos asociados al potasio. Por lo tanto, estos son alimentos a favorecer.
¿Cómo podemos restaurar nuestro equilibrio ácido-base?
Para encontrar un equilibrio ácido-base óptimo, aquí hay algunos puntos para recordar:
- Reducir el consumo de sal limitando el consumo de sal de mesa y evitando alimentos muy ricos en sal (embutidos, quesos, platos preparados, patatas fritas, pan, pizza, etc.)
- eliminar bebidas
- Consuma al menos 7-8 frutas y verduras al día.
- Prefiere cocinar las verduras con vapor suave (en lugar de hervirlas)
- Limitar el café
- Limite su exposición a pesticidas, tabaco y alcohol.
- Beber al menos 1,5 litros de agua al día.
- Practicar actividad física y ejercicios de respiración: favorecen la ventilación pulmonar y por tanto la eliminación de cargas de ácidos volátiles.
Para saber más sobre el equilibrio ácido-base puedes consultar el artículo de Anthony Berthou:
Fuentes
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- Appel LJ, Moore TJ, Obarzanek E, et al. Un estudio clínico sobre los efectos de los patrones dietéticos sobre la presión arterial. N Inglés J Med. 1997; 336:1117-1124.
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